CONFLICTO AGRARIO, AVANZA NO TODO, EN CÓRDOBA
- mileniolarevista
- hace 2 días
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La historia agraria del Valle Sinú, sigue oculta por contarse la verdad y llegar al punto final del conflicto.
Falta demasiado trecho por recorrer, buscando en obtener identidades del auténtico labriego, cual es en la absoluta verdad. Por ello, el territorio departamental de Córdoba, sigue sus laberintos coloquiales.
ANALISIS SOCIOAMBIENTAL: HUGO MIGUEL BUELVAS POSADA;
Un sainete social llegado a los 340 años de intensas luchas, por poseer un pedazo de la Tierra Profanada sobre el Valle del Sinú, primero debido al español destructor de la raza Zenú, después la Corona ibérica a través de Francisca Baptista Bohorquez, aventurera en la América, entre el ejército de hombres, a finales de 1690.
La estampada firma a bolígrafo tinta negruzca, surge del ímpetu fortalecido de las manos empuñadas, por GUSTAVO PETRO URREGO, hijo natural de las mismas tierras bordeadas de la Cuenca Hidrográfica del Río Sinú. Clara y diáfana señal puesta contra los efectos crueles del poderío emprendido siglos atrás, en que, el primitivo aborigen de Tierra y Agua, suele diezmarse territorialmente. Decir a voz libre, penetrar la atención estatal de beneficiar a sinnúmeros de labriegos, luego de soportar el sufrimiento de épocas críticas debido a los rigores de gobiernos nacionales, regionales y locales, tanto civiles, militares y policivos, engrandeciendo las líneas de hambre y barbaries en la población rural.
Ha sido la señorial Ciudad de Cereté, enlodada en sus 305 años de bautizada, cueva del hombre indio mal llamado por Colon. El punto geográfico del extenso Valle Sinú, en apreciarse el gesto gallardo del Presidente Petro, estampar su firma de oficializar la Ley Estatutaria de Jurisdicción Agraria en Colombia. Hacerse mención igualmente al invento Zenú de las Terrazas Hidraulicas, primeras en el mundo, para estos tiempos de marzo, pero el siglo I.
La relevante importancia, al expedirse la consagrada Ley Estatutaria, conlleva entre sí, otra historia de 305 años de perseverancia conflictiva, aparece involucrada sobre extensos territorios rurales del pueblo Mateo Gómez, en ese mismo orden, las 100 hectáreas de ciénaga La Pozona, sitio habitado por escasos labriegos y acorralados por algunos terratenientes, hace alrededor de 51 años, del total aproximado, luego de invasiones campesinas y que, el extinto Incora titulara y adjudicara tres hectáreas y media por cabeza campesina en número de 35 aparceros, nacidos y residentes en Mateo Gómez, Aguas Negras y sitios aledaños.
Llegando al día de hoy, solo poseer parcelas unas cuantas familias agrarias, en razón a la compra forzada de terratenientes regionales, pagando por lote ínfimos 70 y 120 mil pesos, cuando actualmente esa porción de terreno cenagoso sobrepasa de 600 millones de pesos. Gran parte de terreno siendo el mismo “Playas de Arroz”, acaparado más tarde por el ICA. Cuando en razón a la primera y actual siembra del producto alimenticio, desde la época del colono Vicente Bolaños, año 1721, quien junto con Francisco Bohórquez, saltan el entonces caudaloso Río Sinú para fundar el sitio Arenal.
De ello, aparece la territoriedad seriamente afectada por la pérdida de 6.436 del total de las 6 mil 676 hectáreas de humedales. Lo cual, confirma la pérdida de 70 mil hectáreas de ciénagas en el espacio geográfico del área departamental de Córdoba. Este conflicto de nunca acabar y empeorando considerablemente con la complicidad de los poderes gubernamentales y políticos, de amparar a caciques terratenientes para despojar a los auténticos dueños de la tierra; toca amplia territoriedad de la geografía rural del corregimiento Mateo Gómez, anclado en jurisdicción municipal de Cereté
Interesante el aporte periodístico a la historia conflictiva por la Mafia.
Los Pombo, de los linajes pudientes de Cartagena en particular, por aquella época donan la entonces finca El Socorro a Miguel García Sánchez quien fuese contabilista de los Berástegui, dueños y señores de “Zapalera” (territorio hoy Ciénaga de Oro, gran parte de Cereté, Punta de Yánez, El Zapal, Rabolargo, el ingenio azucarero de Berástegui y territoriedad del pueblo.
El sueño de Gustavo Petro, comenzado un anochecer al aire libre en el parque San Antonio, apogeo de campaña a la segunda vuelta del 2022, por “entregar las tierras baldías de la región medio Sinú a campesinos, ha podido convertirse en verdad, hoy”, no obstante, haber dudas de recuperación territorial de la Ciénaga Bajo Sinú, en constante disputa con terratenientes, en virtud del desconocimiento a la Sentencia T. 194/99 expedida por la Corte Constitucional. Aunque el presidente Petro afirmara en Cereté:
“Hoy, en Córdoba, firmamos la Ley Estatutaria de la Jurisdicción Agraria y avanzamos en la entrega de 3.600 hectáreas. La Ciénaga Grande del Bajo Sinú vuelve a manos de sus comunidades: donde hubo despojo, empieza a florecer la justicia.
Ya son más de 700.000 hectáreas en el Fondo de Tierras en todo el país. Es una cifra clave para la paz: la base de la justicia social y de la superación de la pobreza. Pero no basta con tener la tierra; debe llegar con rapidez a las manos del campesinado que la trabaja y la cuida.
Ojalá continúe un gobierno progresista para alcanzar los 3 millones de hectáreas. Y para lograrlo, el pueblo cordobés debe defender su dignidad: no vender el voto, porque vender el voto es el camino más fácil y rápido para perder la libertad”.
Corresponde finalizar este nuevo capítulo del largo conflicto de tierras en el Sinú, así:
“Tales enormes terrenos principalmente, fueron acaparados entre finales de 1700 y comienzos de 1800, a la Corona de España, por las familias Berástegui- (O los Burgos) Pombo y Lequerica. Los Berástegui, protagonistas de la primera guerra del Sinú, los segundos, nacidos y residentes en el Viejo Bolívar. Tales familias a mediados del siglo 19, comienzan a vender por pedazos a nativos de Cereté y San Carlos, donde el colono español Nicolás de Lora se adueña de casi toda la extensión territorial. “Charco Pelado” y “El Socorro”, la primera es adjudicada a una familia Lora, cambiándole el nombre por “ Cacho Pelao” y “Cacuchas”, heredada por la entonces familia De la Ossa Lora y Perneth Lora, la gran parte hoy del ICA –Turipaná, la carretera doble calzada donde se ubica el peaje de Sarmiento Angulo, es vendida ya comienzos del siglo 20 a Fernando Perneth Castillo y Sixto Soto. Estos venden al ICA y dicha entidad”.



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