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FRACKING EN COLOMBIA: LA AMENAZA CONTRA EL ECOSISTEMA- NO SE EQUIVOQUE MINAMBIENTE

PERIODISTA DIPLOMADO AMBIENTAL- UNICÓRDOBA

Habíamos estimado alguna prudencia en, Fabio Arjona Hincapié,  virtud de creerse el “sabiondo” por la defensa del  ambiente nacional, para el país nacional de Colombia. Su semblante de “tin nervioso”,  caracterizado a través de sonrisa aguda y andar veloz, le configura un accionar endeble.


Yendo más allá, cualquier armazón referente a una conducta,  funcionamiento o mecanismo que resulta débil, inseguro, flojo o de resistencia  insuficiente.

Rol que describe una forma de actuar o de operar que carece de firmeza, solidez o sustento adecuado. Son todas estas premisas que denotan el estándar de un Ministro del Ambiente, cobijado en el nuevo periodo  de gobierno.


El titubeo inicial,   tampoco  nos  merecía confianza o credibilidad para el ejercicio de políticas medioambientales en un sistema arcaico,  donde pudiera  hacerse frente a los retos y riesgos del  calentamiento global. Factible enrostrarle  en su  faz y apaciguar la risita, afrontando con responsabilidad la doble  posición del  funcionario  ministerial, respecto la fenomenología del sistema “Fracking”.


La discusión sobre el fracking en Colombia lleva más de una década sin cerrarse. ´Hoy por hoy, algunos insisten en extraer los recursos naturales del país de cualquier forma, para así garantizar una supuesta "soberanía económica" que a futuro puede ser catastrófica en países megadiversos como Colombia. Entender qué es el fracking, qué hace con el agua, el suelo y los ecosistemas, y por qué hacerlo sería devastador para un territorio tan frágil como el colombiano, ya no es opcional: es urgente.


¿Qué es el fracking y en qué consiste?


La fracturación hidráulica, conocida como fracking, es una técnica de extracción de hidrocarburos que consiste en inyectar agua mezclada con arena y compuestos químicos a altísima presión en el subsuelo para fracturar rocas impermeables y liberar así petróleo o gas natural atrapado en yacimientos no convencionales (YNC).


El proceso requiere la perforación de pozos verticales que luego se desvían horizontalmente, atravesando kilómetros de roca. Para realizar el fracking, una enorme cantidad de agua se mezcla con diversos compuestos químicos tóxicos para crear el fluido de fractura, que luego queda contaminado con metales pesados y elementos radioactivos presentes de forma natural en la roca. Solo en la región del Marcellus Shale, en Estados Unidos, se necesitan entre 2 y 10 millones de galones de agua cada vez que se fractura un pozo.


Las sustancias tóxicas en el agua pueden dejar sin el recurso vital al país para siempre. Al referirnos al  agua,  resulta prudente dirigirnos a los desastres medioambientales que,  más de seis décadas viene sufriendo la  Cuenca Hidrográfica del Río  Sinú. Desde enormes fallas de capacidad  hidraúlica  y alrededor de 280 puntos erosivos


Las desventajas del fracking: lo que la ciencia ya sabe


Los efectos ambientales del fracking no son especulativos: son documentados, medibles e irreversibles. Estudios han detectado químicos tóxicos en aguas subterráneas tras operaciones de fracturación hidráulica, incluyendo metales pesados y compuestos orgánicos volátiles. El metano, un potente gas de efecto invernadero, se filtra a la atmósfera.


Los terrenos utilizados presentan erosión y contaminación residual que afectan su fertilidad a largo plazo, con impactos que persisten décadas después de cesar la actividad.


En cuanto a la salud pública, se ha reportado que el 73% de los productos químicos utilizados en el fracking tienen efectos negativos para la salud humana, con evidencia de contaminación de mantos acuíferos, consumo excesivo de recursos hídricos, emisión de contaminantes al aire y contaminación acústica.


Las comunidades cercanas a zonas de explotación reportan enfermedades cutáneas en niños, malformaciones en el ganado y pérdida de calidad en los productos agrícolas. A eso se suma el riesgo sísmico: la fracturación hidráulica puede inducir actividad sísmica, incrementando el riesgo de terremotos que ponen en peligro las infraestructuras locales y la integridad de los mismos pozos.


Desde el punto de vista económico, los yacimientos no convencionales son riesgosos y poco rentables debido a los altos costos de extracción y la rápida declinación de los pozos, además de generar un mayor gasto energético que incrementa su impacto ambiental.

La biodiversidad de Colombia vale más que extraer combustibles fósiles

Antes de hablar de reservas de petróleo, hay que hablar de lo que Colombia ya tiene y que ningún yacimiento de gas puede reemplazar.


Colombia ocupa menos del 0,7% de la superficie terrestre del planeta, pero alberga casi el 20% de todas las especies de aves del mundo, el 14% de los anfibios, el 10% de los mamíferos, el 7% de los reptiles y entre el 10% y el 15% de todas las especies de plantas.

Es el primer país del planeta en aves y orquídeas y el segundo en plantas, anfibios, mariposas y peces de agua dulce. Las protestas contra el fracking en Colombia no son fenómenos espontáneos ni irracionales, sino la respuesta organizada de comunidades que ven amenazada su agua, su tierra y su salud.


La disputa territorial también se traduce en un aumento de la vulnerabilidad y la amenaza a líderes y defensores ambientales, una situación ya crítica en Colombia. Encontrarse el Departamento de  Córdoba y área del Caribe.

El extractivismo es la causa de la alteración del ciclo hidrológico en Colombia, que unas veces se expresa como sequía y otras como inundación, y cada vez es más urgente abandonar los sistemas productivos que vienen afectando gravemente los ecosistemas nacionales desde hace varias décadas.


Fuentes bibliográficas: Minambiente Colombia e investigaciones Revista Milenio.

 
 
 

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