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LA POSTGUERRA DE LAS AGUAS: DESPUÉS DE LA TORMENTA

Entre el día y  las noches, son  las cosas fenomenológicas de la Naturaleza y la malignidad del  ser humano. Barrio La Ribera, semeja el terror que  fue, con el de hoy.

 

HUGO MIGUEL BUELVAS POSADA: FILOSOFÍA DEL SER Y LA NADA

Todavía aturdidos, el pensamiento en dilema, percibir el barrio, sus calles, callejones, la arboleda pequeña y elevada, pero, sin el trinar de los pajaritos. La noche del sábado 7 de febrero, del 2026. La noche de un día de marcha. Sacudidos y echados a otros lugares por  la furia de las aguas.

 

Fue la guerra  entre el hombre perverso y  la  naturaleza batallando entre sí.  Ese hombre maligno y autoritario, poseído por  la Hidroeléctrica que nos robaba el agua y amortiguaba el Río Sinú. El que, los Zenú con su ímpetu de fortaleza, no pudieron dominar.

 

Este hombre público corrupto de ancestros siriolibaneses, jerarquizado en  el mando de Urrá, la empresa propietaria del Estado roto, y contraria a las voluntades del  pueblo, hoy, 27 años corriendo serios peligros por su desviación, hasta sin llegar a saber por qué el cambio brusco direccional. Una ruta perdida,  así  como la población desamparada por las inundaciones,

 

En los primeros días del fatídico Febrero, como unas horas antes de esconderse el Sol sobre el firmamento territorial del Barrio La Ribera:  el gentío viajando a pie, sobre las aguas y la  tierra celosa, hallarse acorralado en la  pequeña ciudad de los dioses Zenú,  al mirar el globo humedecido, derramaba lágrimas cortas y su voz entre cortada.

 

Ya los pocos habitantes atormentados,  que en  aquel momento estaban asomados a sus ventanas o umbral de sus casas abatidas por la corriente de las aguas, tal vez, azuzadas por  el  “Miserable Turco”, miraban al viajero con motetes a los hombros, chapoleando y enojado consigo mismo,  andar misteriosamente escondido entre la sombra.

 

Al hombre delgado y edad avanzada, a la mitad metido en las aguas, se le adjuntan varias personas vecinas. Instante difícil seria entonces  para ellos, encontrar un transeúnte de aspecto más miserable. No obstante, el  miserable siriolibanés se hallaba gozando de su fortuna y abrigado de cuartos confortables.

 

Salir a la carretera al mar, un chiquillo sujeta a los transeúntes damnificados. Tan  doloroso ver toda clase de enseres volteados a la intemperie.  Unos entre otros, animales encima de los vehículos.  La gente gritaba de angustia y rebeldía, en ese momento, sin comprender los responsables de la  tragedia.

 

Era la muchedumbre usando toda clase de objetos. A la distancia sobresalía una gorra de cuero con  visera calada hasta los ojos ocultaba en parte su rostro mojado por las aguas y todo arropado de sudor. Descalzos, sus zapatos dentro del  morral. Sus  vestimentas usadas por  los damnificados de una tela gruesa y amarillenta,  como qie cogida de prisa.

 

Al  filo del mes de febrero,  muy pocos vecinos tanto de La Ribera como, sectores de la  margen izquierda,  siquiera han retornado a sus ranchos.  Entre tanto, las mentiras piadosas del  alcalde Hugo, descendiente de los franceses, llegados a la  otra  Montería, hace dos siglos y  par de años,  reiteradas manipulaciones de parte de los Comunales y  testaferros clientelistas, adueñarse de las ayudas estatales.

 

En ese laberinto, se perfila hoy el sector urbano, ávido de su Alcantarillado Pluvial, y, además, castigos a los Miserables de Urrá y finqueros, quienes son  la misma ridiculez. Puesto, el  fantasmal de las casas permea aún. Calles, callejones y casas solitarias, es el panorama visto más de 20 días catastróficos  en que,  familias enteras siguen lagrimando.

 

Razón por la cual,  no mostramos  las aguas, ahora desaparecidas como la gente,  el bullicio y  las voces sonoras. Todo  evidencia hoy,  la  huida del forastero o  inquilino entre muchos. Han sido  las  noches de unos días de marcha y desasosiego de miles de familias, que  hasta todo  lo  perdió por culpabilidad de la guerra entre las aguas y el hombre corrupto.

 

 

 

 
 
 

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