LA VULNERABILIDAD: CASUCHAS Y AGUA BAJADA DEL CIELO


Un día cualquiera que los rayos solares amanecen nublados y, la mañana fresca, la intuición nos hace salir a visitar sitios desconocidos. Intención por conocer otras verdades de los problemas comunes, tanto en la urbe como lugares hasta donde nunca se escucha el ruido de carros.
“Polito”, quien en los años de estudios en la Normal de Varones, nos divisa y pega el chiflido. Al irnos acercando prende su auto, entre sonrisa frágil. ¡Aha donde vanos!..
La indicación fue visitar alguna gente que sobrevive en casuchas, sea por sectores subnormales dentro de la ciudad y la periferia. Giramos al sur de Montería. Llegamos hasta donde gentes, unas cordobesas y otras interioranas, más bien soportar las inclemencias del día y la noche, dormir con las miradas explayadas a todas partes.
Las casuchas, una entre otra, distan más de los tres kilómetros. Generalmente sobre las laderas o faldas de los empinados cerros. Ellos, alrededor de 12 personas en cinco casuchas, cercadas con ripios de maderas, palmas amargas, hojas desusas de zinc, cartones y trapos.
Los pocos adultos mayores, durante el día, se la pasan a solas. Incomunicados por no contar con luz eléctrica. Juan José, rayando los 86 años, desplazados de la violencia política, salió a “rodar tierras”. Viviendo de cualquiera cosa y durmiendo sobre las bancas de parques en cualquier ciudad. Bastante risueño, nos dice: “Dicha, hoy que usted carga agua, la apruebo”.
Oiga, comprender tan desgarrada odisea. Sobre las narices al sitio Jaraquiel, de donde suele divisarse gran parte del sur de Montería. Corriendo más arriba, donde el Río Sinú, presenta dos meandros cercas. Ofelia, muchacha de 26 años, de Santuario, Antioquia, que, todas las cinco de la mañana, se tira tremendo recorrido de a pie, llegar a la casa de unos ricachones, cocinar y arreglar la vivienda, entre voces bajitas dice: “uh, agua, la que viene del cielo”.
La civilización artificial al chocar lazos con lo natural, entre veces, pareciera surtir efectos secundarios en la literatura, entenderse que, la intuición del humano también posee velocidad donde el individuo hace algún contrapeso, caracterizado a los quehaceres de la vida pública en general. Preámbulo del libro: La Vereda: el Pais Ignorado.
ENTRE AGUA Y ESPECIES, CONOCIDAS POR OTRAS GENERACIONES
Multiplicidades de mundos, revuelven imaginaciones en donde cualquier ser, entre veces, no halla razones de existir. En esos vaivenes, genera la nada. Una cosa sustentada en lo que existe. Por lo tanto, dos axiomas flotantes en la sociedad. El ser y la nada. Existir y no existir.
El habitante contemporáneo precisa deseos por llegar a comprenderse entre sí, como conocer evidencias de ayer. Dada similitudes antiguas con el presente, darían propósitos tan claros y evidentes sobre cómo aceptarse la verdad sin ser demostrada aún.
Explayar vistas, unas cortas y otras largas o profundización, hasta donde la capacidad intuitiva es vital, el pensamiento del asentado sobre universos geopolíticos veredales y sus alrededores. En esas circunstancias desde el surgimiento de la tierra y del primer humano, la universalidad sigue viviendo en diversos mundos, en donde, muy difícil conocerse así mismo. Las abstracciones se palpan entre la comunidad humana, debido desconocerse las esencias de vida, entre otras, sentirse encerrado solo. Todo ello, asocia un estancamiento de procesos sociales, no solo aquí, sino la mayor parte universal (Libro: La Vereda: El Pais Ignorado)
El reciente enfoque periodístico bien lo emparejados al contexto del libro, hoy de aceptable lectura regional e internacional. No haber registrado al nivel general, el 10,4% de las personas en Colombia habitan en viviendas inadecuadas, lo que equivale a la construcciones hechas con materiales de desecho, sin paredes, con piso de tierra o estructuras móviles (como carpas o refugios temporales).
Gran verdad, desde los seis años, solo mirándonos entre sí, veníamos ideando por explorar qué era mundo. Sin embargo, a la edad avanzada, mundo, es infinidades de cosas visibles e infinitas.



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