top of page

LA VULNERABILIDAD: CASUCHAS Y AGUA BAJADA DEL CIELO

hace 1 día
3 min de lectura

Un día cualquiera que los rayos solares amanecen nublados y, la mañana fresca,  la intuición nos hace salir a visitar sitios desconocidos. Intención  por  conocer otras verdades de los problemas comunes, tanto en la urbe  como lugares hasta donde nunca se escucha el ruido  de carros.

“Polito”,  quien en los años de estudios en la  Normal de Varones, nos divisa y pega  el chiflido. Al irnos acercando  prende  su  auto,  entre sonrisa frágil. ¡Aha   donde  vanos!..

La indicación fue visitar alguna gente que sobrevive en casuchas, sea por sectores subnormales dentro de la  ciudad y la periferia.  Giramos al  sur de  Montería.  Llegamos hasta donde gentes, unas cordobesas y otras interioranas, más bien  soportar las inclemencias del  día y  la  noche, dormir con  las  miradas explayadas a todas  partes.

Las casuchas,  una  entre otra,  distan más de los tres kilómetros.  Generalmente sobre las  laderas o  faldas de los empinados cerros. Ellos, alrededor de 12 personas en cinco casuchas, cercadas con ripios de maderas, palmas amargas,  hojas desusas de zinc,  cartones  y trapos.

Los pocos adultos mayores, durante  el día,  se la  pasan a solas.  Incomunicados por no  contar con luz  eléctrica. Juan José,  rayando los 86 años, desplazados de la  violencia política, salió a “rodar tierras”. Viviendo de  cualquiera  cosa  y  durmiendo sobre las  bancas de parques en  cualquier   ciudad.   Bastante risueño, nos dice: “Dicha, hoy que  usted carga agua,  la  apruebo”.

Oiga,  comprender tan desgarrada odisea.  Sobre las narices al  sitio Jaraquiel,  de  donde suele divisarse gran  parte  del sur  de Montería.   Corriendo   más arriba,   donde el Río Sinú, presenta dos meandros cercas. Ofelia,  muchacha de 26  años,  de  Santuario, Antioquia,  que,  todas las  cinco  de la  mañana, se   tira tremendo recorrido  de a  pie, llegar a la casa de unos ricachones, cocinar y  arreglar la  vivienda,   entre voces bajitas dice:  “uh, agua,  la que  viene del cielo”.     

La civilización artificial al chocar lazos con lo natural, entre veces,  pareciera surtir efectos secundarios en la literatura, entenderse que, la intuición del humano también posee velocidad donde el individuo hace algún contrapeso, caracterizado a los quehaceres de la vida pública en  general. Preámbulo del  libro: La Vereda: el Pais  Ignorado.

 

ENTRE AGUA Y ESPECIES, CONOCIDAS POR OTRAS GENERACIONES

Multiplicidades de mundos, revuelven imaginaciones en donde cualquier ser, entre veces, no halla razones de existir.  En esos vaivenes,  genera la nada. Una cosa sustentada en lo que existe. Por lo tanto, dos axiomas flotantes en la sociedad. El ser y  la nada. Existir y  no existir.

El habitante contemporáneo precisa deseos por llegar a comprenderse entre sí, como conocer evidencias de ayer.  Dada similitudes antiguas con el presente,  darían propósitos tan claros y evidentes sobre cómo aceptarse la verdad sin ser demostrada aún.

Explayar vistas,  unas  cortas y otras largas o profundización, hasta donde la capacidad intuitiva  es vital,  el pensamiento del asentado sobre universos geopolíticos veredales  y  sus alrededores. En esas circunstancias desde el surgimiento de la tierra y del primer humano, la universalidad  sigue viviendo en diversos  mundos, en donde, muy difícil conocerse así mismo. Las abstracciones se palpan entre la comunidad humana, debido desconocerse  las esencias de vida, entre otras,  sentirse encerrado solo. Todo ello, asocia un estancamiento de procesos sociales, no solo aquí, sino la  mayor  parte universal (Libro:  La Vereda: El Pais  Ignorado)

El reciente enfoque  periodístico bien  lo  emparejados al  contexto del  libro, hoy  de  aceptable  lectura regional e internacional. No haber registrado al  nivel general, el  10,4% de  las  personas en  Colombia habitan en   viviendas inadecuadas, lo que  equivale a  la  construcciones  hechas con materiales de desecho, sin  paredes, con piso de tierra o  estructuras móviles (como carpas o  refugios  temporales).

Gran verdad,  desde los seis años, solo mirándonos entre sí,  veníamos  ideando por explorar qué era mundo. Sin embargo, a la edad avanzada, mundo,  es infinidades de cosas visibles  e  infinitas.

 
 
 

Comentarios


bottom of page