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LA AVENTURERA: LOS AMORES DE PABLO Y NINFA PERDURAN


GÉNERO CRÓNICA SOCIAL: AUTOR. HUGO MIGUEL BUELVAS POSADA: MILENIO LA  REVISTA DE LA  OTRA CARA

 

 

La Aventurera, canción tropical compuesta y vocalizada por su autor: Pablo Flórez Camargo, surge de una coexistencia de dos seres. Pablito y Ninfa Isabel. Etimológicamente, el prefijo “co” significa “todo” o “junto”.  El elemento “ex” indica “hacia fuera”.

 

Alguien comparó a Pablo Flórez  Camargo, músico o sociólogo. Tal vez de acuerdo la percepción sería cambiar la o por una y, para de esa forma integrar ambos saberes, consistente en formalizar una radiografía  sonora de la realidad.  Diríamos entonces, conociendo y tratando a Pablito, era más que polifacético.

 

Lo de coexistir, interpretarse una comunicación social, mezcla convergencia, reunión, unión. Que yéndose más al fondo, cuyo significado es existir, nacer, originarse, presentarse, mostrarse,  salir, levantarse. Refiriendonos a la raíz indoeuropea “eghs”, y el verbo latino, sisto, stiti, statum (establecer, poner, apostar, erigir, tomar posición,  fijar).

 

Razones obvias en considerarse el concepto original del término igual que la acción de reunirse objetos o personas que existen,  Ello conlleva a categorizar a: Pablo y Ninfa Isabel.  No siendo el caso de haber fallecido o desaparecer físicamente. Pablo murió hace cinco años, mientras que,  Ninfa Isabel, apenas este martes 11 del presente mes  de  marzo.

 

¿Cómo y por qué surge La Aventurera? Aquí valdría lo de Pablo músico o sociólogo. Las dos palabras juntas dan una coexistencia. El cantautor, arreglista e intérprete  de su misma composición musical;  subrayaba trazos acordes que logra plasmar el costumbrismo de los pueblos caribeños, no de Colombia, sino de la cuenca Centroamericana.

 

Hoy, no podemos expresar siquiera, el son musical de Pablo Florez, es originario de la cuenca de Ciénaga Bajo Sinú y del mismo Ciénaga de Oro. Resultaría un error gramatical e identitario.

 

 La muerte de Ninfa Isabel, registrada en  Barranquilla. También rompe el hielo de mitos, entre años y años, oyéndose y bailándose la pieza La Aventurera. La sociedad humana dudó hasta el día de reencuentro de Pablo y la Aventurera. La textura gramatical de la obra narrativa cantada a son tropical,  describe y matiza encantos llevados al terreno del arte en la simpleza de un sabio apuntada a la riqueza léxica de cualquier cronista,

 

Históricamente, al lado de compañeros cineastas en Bogotá y la Argentina, el hallazgo descubierto de Ninfa Isabel, tras décadas tropezadas por misterios, ahora que supimos de su muerte,  es dable por consiguiente llevarse a un largo metraje. De hecho, nos sometemos a elaborar el respectivo libreto. Inspirados entre una crónica de Julio Oñate Martínez, publicada en El Pilón, periodico de Valledupar y nuestros archivos poseídos durante tertulias y entrevistas realizadas al gran Pablito.

 

Siguiendo la coexistencia, no obstante, la historia de La Aventurera, el grupo artístico o musical de Pablito, obtuvo un contrato en Valencia, pueblo vecino a Tierralta (lugar de nacimiento el 22 de septiembre de 1932 de Ninfa Isabel).  Era para amenizar las veladas de fin de semana en el sofisticado burdel de Petrona Naranjo, otra mujer orense estilo  La  Niní,  entre otras.  Petrona, la de mayor prestigio y promotora vaginal de toda la  comarca.

 

Reflexionando respecto el caso en Valencia, notamos el  acompañamiento de otros músicos orenses al ducho guitarrista en  la proximidad de las fiestas de toros en corraleja, el burdel de Petrona  revestía de adornos   en que se encontraba  Ninfa Isabel. Mujer según la descripción del   mismo Pablo cundía una  belleza sinuana de piel acanelada, pelo castaño, esbelta figura y finos modales, al brotar sonrisa a flor de labios,  parecía enderezar la joroba de Pablo Flórez, quien  era acompañado por Filiberto González, Diego Espinosa Soto y Antonio Franco el “Kike” y  entre veces, el maestro Antolín Lenes, director de la gran orquesta Sonora Panaguá, nombre en homenaje a otro  de los caciques de Ciénaga de Oro.

 

Retomando la crónica de Oñate, durante la primera noche del festín el salón se encontraba repleto, y los músicos departían libando copas con los  de ambulantes. Instantes que Pablito embebecido por la  figura asimétrica de la mujer sinuana. Ninfa, la de turbadora sonrisa. Al  amanecer del  día siguiente, Pablito aturdido por las  pesadillas dentro de la hamaca, de primera vista mira a Ninfa Isabel.

 

Pero, esa mañana de aurora y olores a jardineras, la mujer sin hacer antesala, su amor toca los hilos sensibles del orense, y el despuntar el alba, dando pasitos de congojas, los corazones y sus cuerpos se trenzaron en un ardoroso encuentro causando estrepito y traquear con intensidad y ternura el viejo catre de lona arrugada de los  amores de alquiler.

 

Terminada la corraleja, Ninfa Isabel levantó el vuelo hacia otros pueblos en fiesta en los que billetes y deseos rodaban sin control, y cuando las circunstancias se lo permitían regresaba para reunirse con Pablo donde Petrona, y avivar el fogón feliz que ardía en las entrañas del trovador.

 

Ell  encuentro soñado por la   noche que Pablo dibujaba cositas al oscuro. Inicios de escribir algún día, la canción aventurada. Subrayando palabras en que la mujer le encantaba su músico, a él la hembra lo traía de un ala.  Última palabra usada por Pablito en el velorio de Lucy Gonzalez: “tu muerte ha arrancado el ala de mi  corazón”.

 

 Fueron pasajes vividos en el inicio de la  coexistencia de Pablo y Ninfa, en que, los crujidos complacientes del catre surge una relación, sin celos, ni  reproches, al tiempo  que Marce, la esposa de Pablito enterada de la faena romántica, inicio sus interminables  retretas de lengua celosa.

 

La gran  verdad, Marcelina, compañera inseparable de Pablito, al visitarles su  hogar en casa de palmas entabladas, allá adentro del pequeño patio, encima del baño, aún existe un letrero; “Esta es la finca de Pablo”. El extraordinario compositor de música, apenas percibía las pisadas sobre el cemento frio, nos recibía con un abrazo amigable.  En voz alta, decía: “Marce, ya sabes”.

 

La dama orondamente en sigilo de silencio, calzaba las andalias saliendo a la calle. A su regreso, ya comenzando la entrevista con Pablito, apretando los puños de las  manos  pronunciaba: “rómpela tú”. Siendo la botella de ron.

 

Esa especie de finca, permanecía en la invención de Pablito,  Su mirada alrededor, mirando una vaca entre yerbas, le traía   recuerdos gratos de la infancia vivida caminando  por corrales de los ricos. El, muchacho del común del pueblo Ciénaga de Oro, andaba siempre meneándose los  dedos de la mano derecha.  Cumulaba el cielo, ateniéndose  escuchar el canto de pajaritos.

 

Esa chispita humeante del caluroso amor  por el canto, una mañana dominical, usando  abarquitas de látigos, inclina el pensar al barrio del Cerro. Caminando cabeza doblada, entre quejidos  y chiflas, escala  el barrio El Carmen. Al fondo de la casa,  oía especie de timbre de bicicleta vieja,  Siendo el sonar de las  cuerdas  de la guitarra,  accionada  por el  maestro  Johnny Sáenz Causil.

Las brisas del cerro, abrió las puertas de la casa,  dándose el  encuentro de los hoy, dos gladiadores de la guitarra. Principal musa del  compositor musical. Aunque, la Aventurera, pieza  surgida del amor  ciego con Ninfa Isabel, le ocasiona escribir su letra.

 

La coexistencia Pablito Ninfa, fue parte esencial de la  aventura loca por pueblos. Una noche oscura, de fandangos en el pueblo de Los Córdobas, luego de tocarles  a multitudes, dando vueltas sobre la  plaza, esta pareja de enamorados, se ven  aislados y desprotegidos en  la soledad, Pablo capea a un policía, diciéndole y….nosotros quedamos hasta sin poder reclinar los sueños…

 

El agente, sabiendo de quien era el músico, les invitó dormir en el cuartel  policial. Inmediatamente Pablito carga el morral con la  hamaca y la guitarra, dentro de sus  cachivaches poseía las abarcas y  trapos viejos. Entre pasos y  pasos, llegan   a una  pieza  estrecha, Ya  en momentos de función amorosa, Florez, repara el local, con el cáñamo  en manos, preguntándole  a Ninfa Isabel  donde amarrar la  hamaca. Y la  ingeniosa  hembra le  responde…en tus  cachos….

 

Sabores del Porro, pieza musical salida del talento de Pablo Flórez,  podría decirse refleja la  sociología del pueblo del Sinú, por  lo tradicional. Mentira podría ser. La Aventurera, la  hemos  seleccionado como nueva  musa, sin Ninfa Isabel  viva, pero  sí, entrometida en  los asuntos del Folklore popular en ahondar escritura para un documental.

 

.A Pablo, en  su cabeza jugaba el  porro, el fandango, el vals, el  pasillo y el bolero. Cada meneíto la cabeza le daba  vueltas para interpretar un son. Comparando el burdel de los 60, entre La Habana de Cuba y Cartagena de Indias, no había diferencias  en  el estilo de cantar,  entre el habano y el orense,

NINFA ISABEL

 

La mujer que siempre representaba la cartera de cuero negro abultada por su peregrinaje  andando recorriendo los rincones del suelo sinuano, el gran Pablito le  llama La  Aventurera. Con solo caminar y exhibir sus  bellezas, escribió parte de la  historia del Departamento de Córdoba. Sus andanzas,  le hicieron honor a tan esbelta mujer. Entre tanto, una vez,  en  la  plaza 6 de enero del pueblo orense, se regó a  tutiplén que,  Pablito sufría de quebrantos  de salud. 

 

Por esos días,  la  guitarra  dejó de sonar. El mismo  músico creía  hallarse apesarado  por la  ausencia  de  Ninfa Isabel Pero eran las bromas de su  estado de cachón, acudiendo a  Montería y revisarse de un médico. Adentro del consultorio se  escuchaba  una voz   femenina. Era la mujer  de las  aventuras.  

 

El  cuento,  tuvo otras generalidades,  que ya  otro médico de Ciénaga  de Oro, su diagnóstico fue  pulsante. Diciéndole a Pablo, “tu problema es que pesan demasiado los cachos que te pega Ninfa”.

 

No obstante,  todos  esos episodios  vividos. También una mañana en Cartagena, el Negro Alejo Durán  invita  a desayunar a  Pablito, salen a la  luz  pública otros cuentos.  Era cuando el cantautor orense sufría  de nostalgias por la  ausencia de Ninfa. Mujer de largo recorrido por la Costa,  las Sabanas y el Valle  del Sinú, de fiesta en  fiesta.

 

 
 
 

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